Es la clásica duda a la que nos hemos enfrentado muchas veces a la hora de comprar coche u otro vehículo: ¿uno nuevo o uno de segunda mano? Lo mismo pasa también con las caravanas, quizás con mayor frecuencia. Y es que los usuarios suelen cambiar mucho de caravana por una cuestión de tamaño y de cambios en los modos de viajar. Unos se cansan de la caravana y quieren vender, otros quieren probar para ver qué tal pero no quieren comprar una nueva por si acaso, etc.

Así que si estás leyendo esto es muy probable que hayas consultado caravanas nuevas precios y estés valorando la posibilidad de comprar una u optar por el mercado de segunda mano. Te contamos cuáles son tus opciones tanto si eliges caravana nueva como si prefieres de segunda mano.

Para empezar, y como sucede con los coches, al comprar una nueva te aseguras el rendimiento del vehículo. Nada puede fallar porque es nuevo y, si falla, tiene garantía. Ese es el principal problema de las caravanas de segunda mano que adquirimos, generalmente, a vendedores particulares. Por mucho que revisemos la caravana (y hemos de hacerlo con mucha precisión) siempre deberemos confiar en la buena fe del vendedor, algo que nos puede jugar una mala pasada.

Pero que nos den gato por liebre es mucho menos común de lo que parece, lo que pasa es que cuando así sucede se magnifica: es decir, las malas ventas o los timos siempre quedan más en la memoria que las ventas normales en las que nadie sale perjudicado. Por lo tanto, aunque debemos tener siempre mucha precaución para quedarnos tranquilos, un gran porcentaje de vendedores son vendedores honestos.

Así, con todo, el coste de la caravana será el principal argumento que nos hará optar por una u otra opción. Si has mirado caravanas nuevas precios verás que tienen un coste considerable en comparación con las de segunda mano. Si estás completamente seguro de tu compra y no quieres líos, lo mejor es comprar una caravana nueva. Si, por el contrario, tienes más dudas (y menos presupuesto) la respuesta es obvia: segunda mano.

Naturaleza, historia y enoturismo se dan la mano en las Rías Baixas, un destino turístico consolidado de Galicia que atrae a más de 500 mil viajeros cada año. Acceder a esta histórica región —que se extiende desde Finisterre y la ría de Vigo— no es un problema, pero desplazarse por sus parajes isleños es posible sólo por vía marítima.

 

Un buen ejemplo de este aislamiento son las Islas Cíes, accesibles únicamente por barco y con autorización previa; de otra forma, no podrán explorarse sus principales islas (Faro, Monteagudo y San Martiño). Por tanto, los viajeros interesados deben buscar un establecimiento de venta billetes barco rias baixas. Esta situación se repite en las islas de Ons y Sálvora, donde además es necesaria la presencia de guías autorizados que garanticen la seguridad de los viajeros y la preservación del entorno natural.

 

La temporada alta de las Rías Baixas se extiende de junio a mediados de septiembre, época que pese a su sequedad y abundantes horas de sol, no está exenta de periodos de intensas precipitaciones. Por el contrario, enero y febrero comprenden la temporada baja, el momento más económico del año para visitar la región, aunque de temperaturas más bajas y precipitaciones más altas.

 

Además del clima, los viajeros deben consultar el calendario festivo para determinar qué época del año se adapta mejor a sus intereses turísticos. Por ejemplo, julio y agosto concentran algunas de las celebraciones más apreciadas por el turismo, como la Fiesta del Apóstol, las Festas da Peregrina, la Romería Vikinga o la Festa do Viño Albariño, mientras que el resto del año se organizan las Danzas de Hío y Aldán o la Fiesta de la Ostra.

 

Respecto a los mejores destinos para visitar, en el itinerario turístico no pueden faltar el Monasterio de Oia, el Faro Silleiro, el centro histórico de Baiona, el cabo Home, las playas de O Morrazo o una de las cunas del vino albariño, Cambados.

Las terrazas son el mejor reclamo para la mayoría de locales de hostelería. Hace ya mucho tiempo que están de moda y la gente se ha acostumbrado a usarlas durante todo el año, incluso en invierno. Muchos prefieren estar sentados al aire libre con el abrigo y poder fumar o disfrutar de las vistas en lugar de estar en el interior del local, sobre todo si este no es muy atractivo. Tanto es así que algunos locales cuentan con un reducido interior y basan todo su trabajo en la terraza. Pero hay errores que pueden arruinar el éxito de esta área.

  1. Las sombrillas que no dan sombra. Algunas sombrillas son demasiado pequeñas y es necesario moverlas una y otra vez para que ofrezcan a los clientes la sombra perfecta. Una sombrilla grande terraza no necesita ser movida con tanta frecuencia, solo ligeramente inclinada para ofrecer la mejor sombra. Las más modernas, incluso cuentan con sistemas eléctricos para inclinarse sin que supongan molestia para los clientes ni un riesgo al poder caer sobre las mesas. Para esto, es muy importante contar no solo con buenas sombrillas, sino con pies pesados y que sean proporcionados al tamaño del parasol.
  2. Las sillas estrechas. Algunas terrazas recurren a mesas pequeñas y sillas estrechas para conseguir meter alguna mesa a mayores o contar con más espacio para decoración. Pero estas sillas demasiado estrechas son incómodas para muchos clientes, sobre todo para quienes tienen un tamaño mayor del habitual. Ganar en espacio o en decoración no merece la pena si los clientes no están finalmente a gusto, que es de lo que se trata. Las sillas anchas, cómodas y fáciles para todo el mundo son las mejores para que una terraza tenga mucho éxito y sus clientes quieran regresar a visitarlas.
  3. No atender la terraza. Es el quiero y no puedo. Quiero tener una terraza pero no quiero pagar a alguien que la atienda, así que pongo un cartel y que sean los clientes quienes van a la barra a pedir y se llevan sus propias bebidas. Puede parecer una buena idea, pero muchos clientes no querrán ir a un establecimiento si tienen que levantarse a pedir sus bebidas y abonarlas en el acto en lugar de ser atendidos y pagar su cuenta al final. Es preferible cobrar un pequeño suplemento por atención en la terraza y tener una persona que se encargue del servicio.

Las Islas Cíes son maravillosas en cualquier época del año y el mejor mes para visitarlas dependerá de qué es lo que se busca en ellas. Porque la oferta de estas islas no se limita a la playa. 

Visitar las islas cies en octubre o en mayo aporta una visión diferente de este lugar. En estos meses las temperaturas son agradables pero seguramente no lo suficiente como para disfrutar de la playa o bañarse en el mar. Sin embargo, son temperaturas perfectas para realizar las rutas de senderismo que atraviesan las islas. 

Sin el calor del verano, caminar es mucho más fácil. En mayo se puede aprovechar la maravillosa luz de la primavera, que permite unas vistas desde los miradores totalmente resplandecientes. En octubre, el otoño ya ha hecho su aparición en la isla y los colores dorados de esta época del año le dan un aire romántico muy agradable. 

Por tanto, si tienes ganas de caminar a tope, respirar aire puro y disfrutar de la naturaleza durante todo el día, estos meses son los más indicados para acudir a este paraíso tan cerca de la tierra.

Pero si tu idea es vivir la experiencia de las Cíes de una forma mucho más intensa, quedándote al menos una o dos noches para poder ver la puesta de sol, el amanecer y también el cielo estrellado libre de contaminación lumínica, entonces el mejor momento para acudir es en junio, julio o agosto. 

Es cierto que es una época de gran afluencia de gente pero hay que tener en cuenta que el número de visitantes está limitado y que, por tanto, nunca vas a encontrar aglomeraciones como las que se ven en otras zonas de turismo. 

Es conveniente reservar con tiempo plaza en el camping ya que está tan solicitado que hay quienes hacen reservas con meses de antelación e incluso quienes reservan de un año para otro para asegurarse las fechas. Entre todos estos meses, junio es el que tiene un poco menos de demanda, especialmente en su primera quincena.

Y si tu idea es vivir la experiencia de las Cíes casi en solitario, entonces anímate a una excursión en invierno. Como la reserva no es tan imprescindible porque no hay demanda como en la temporada alta, puedes esperar hasta asegurarte de que no lloverá y podrás disfrutar del paseo y de una visión distinta del lugar.