Mi pareja y yo hemos hecho propósito de enmienda para cambiar algunas de nuestras viejas aficiones. Yo me he comprometido a dejar de ver fútbol si ella abandona los programas del corazón. Lo hemos acordado porque gastar buena parte de nuestro tiempo libre en esas cosas nos alejaba ya que a mí no me gustan esa clase de programas y ella no soporta el fútbol. Al final, lo que sucedía era que cada uno pasaba muchas noches pegado a la tele sin hablar de nada.

La cuestión ahora es qué vamos a hacer para rellenar ese enorme hueco que deja la televisión. ¿Qué podemos hacer juntos en casa que nos guste a los dos? Y así es como se nos ocurrió que podíamos empezar a cocinar juntos, especialmente reposteria, otra de nuestras aficiones que en este caso sí compartimos pero que, por falta de tiempo, lo teníamos aparcado. Y ahora entendemos eso de que “no tener tiempo para nada” es una mentirijilla que siempre nos hacemos. Trabajando ocho horas al día y durmiendo otras 8, siempre quedará algo de tiempo libre, la cuestión es cómo usarlo adecuadamente.

Cocinar juntos nos ha parecido una gran idea para ocupar este tiempo en el que nos solíamos relajar delante de las pantallas… cada uno viendo su propia pantalla. Y es que tenemos bastante mano para la cocina, pero no lo hemos podido desarrollar demasiado. De vez en cuando preparábamos alguna tarta o alguna receta especial para celebrar una fiesta, pero poco más. Ahora que nos hemos comprometido a pasar tiempo juntos en la cocina, seguro que van saliendo muchas más recetas.

Y es que nos gusta mucho experimentar con la repostería. Además de las típicas recetas, de vez en cuando probamos a variar alguna introduciendo algún elemento original para ver qué sale. Desde luego que no todo lo que hacemos está para chuparse los dedos, pero alguna de nuestras invenciones bien pudiera hacerse famosa, por su originalidad y por la combinación de ingredientes que hemos ideado. Todo se andará: quién sabe si acabaremos en la tele después de haberla ‘abandonado’…

Nunca nos gustó la forma tradicional de viajar ni las rutas sencillas. No somos de guías ni de hoteles, nos encanta el contacto con la naturaleza y con los locales. Se podría decir que somos un poco ‘mochileros’, pero sin llegar a pasar mucho tiempo fuera de casa por nuestras obligaciones laborales. Aunque en alguna ocasión se nos pasó por la cabeza eso de ‘dejarlo todo’ y pasar una temporada viajando, siempre hay una especie de sexto sentido que nos dice que eso es un riesgo excesivo.

Pero en los últimos tiempos hemos descubierto una forma de viajar que, de alguna forma, sacia nuestro deseo de aventura sin tener que renunciar a todo: los campings. Debido a que nuestros primeros viajes eran mucho más lejos que ahora, no solíamos ir de camping porque tampoco nos sentíamos cómodos, pero desde hace un tiempo hemos decidido ir a sitios cercanos para que nuestra huella ecológica sea menor. Y el camping se ha mostrado como el turismo de proximidad más natural.

En unos días nos iremos a acampar islas cies. Y será nuestra segunda vez. Teníamos las Cíes rodeadas con rotulador rojo en el mapa desde hacía tiempo, pero queríamos dejarlo para una ocasión especial porque sabíamos que estas islas no son como cualquier otra. Es verdad que mirando fotos de cualquier destino siempre apetece ir, pero lo de las Cíes se adaptaba perfectamente a nuestro estilo de viaje. Un enclave natural muy cuidado y protegido y sin hoteles. Solo un lugar para acampar.

Fuimos para un aniversario y quedamos extasiados. Como la única manera de pernoctar en las islas es un camping, fue aquella vez la primera que pasamos en una tienda de campaña. Y nos encantó el plan. Desde aquel día nos dijimos que comenzaríamos a probar en campings siempre que en nuestro destino hubiera alguno cercano.

Es cierto que no es la forma más fácil ni cómoda de viajar, pero sí una de las más baratas y sostenibles. Probad a acampar islas cíes y luego nos contáis. En unos días nosotros volveremos a este paraíso para pasar otra semana de aniversario.