Viendo las series de la tele a menudo me pregunto quienes son los guionistas que hacen las series, porque en muchas series los guionistas son tan buenos que pueden hacer un chiste en que un cancer de colon parezca algo divertido y no la enfermedad tan seria que es. Pero hay muchos otros de otras series que no se merecen ni tan siquiera salir en la tele de lo malos que son. Por ejemplo, los guionistas de series de comedia muchas veces se tienen que buscar las habichuelas para que sus personajes sigan teniendo gracia y para que los espectadores no se cansen de ellos, y en muchos casos no lo llegan a conseguir.

 

¿Qué estudios hay que realizar para ser guionista? Pues a decir la verdad no se me ocurre cual puede ser la carrera que hay que estudiar para ser guionista, hasta hace muy poco creía que los guionistas debían de ser escritores o algo similar, porque más o menos es lo que hacen, solo que en lugar de escribir un libro tienen que escribir situaciones, ya sean cómicas, dramáticas o de suspense. Porque los guionistas no solamente se dedican a las series de comedia, sino que tienen que hacer guiones para toda clase de programas y no solamente de series. Aunque supongo que habrá programas de la tele que no necesiten de guiones, se dejan llevar y el programa va fluyendo según pasa el tiempo, esa clase de programas suelen ser de humor y suelen ser bastante mejores de los que son guionizados. Hacer los guiones de las series de suspense tienen más gracia desde el punto de vista del guionista, porque le presenta dos retos, que la serie sea entretenida y que el suspense sea creíble y te mantenga enganchado a la serie, lo que no es nada sencillo, dado que no a todo el mundo nos gustan las mismas cosas.

 

Personalmente me parece muy complicado ser guionista, sobre todo de programas diarios, en los cuales tienes que amoldarte al programa y cada día tienes que estar preparado para hacerlo lo mejor posible en el mínimo tiempo posible.

La conocí en un curso y nos entendimos bien desde el principio. Aunque tiene bastantes más años que yo, eso no impidió que tuviésemos una opinión común sobre muchos temas además de unos intereses culturales bastante parejos. Cuando aquel curso terminó, mantuvimos el contacto a través de correo electrónico, pero apenas nos volvimos a ver.

Un tiempo más tarde me enteré. Fue a través de un email que envió a algunos amigos: padecía cáncer de colon. Cuando te enteras de la enfermedad de un familiar no muy cercano o de un amigo que ya no sueles ver, la reacción emocional es muy extraña, al menos la que yo tuve. Apenas conocía a nadie que hubiese tenido esa enfermedad y no sabía muy bien que debía decir. Así que durante un tiempo me mantuve al margen.

Fue a través de un amigo común que supe que quería que pasara a visitarla. Cuando fui a su casa, entré avergonzado por no haber querido saber mucho del asunto, pero rápidamente esa sensación terminó cuando ella tomó las riendas de la conversación. A los cinco minutos me sentí otra vez como en aquel curso, hablando con una amiga, no con una enferma. Al final de la visita hablamos directamente de la enfermedad y ella lo hizo sin tapujos. Me dijo que estaba planteándose participar en un ensayo cancer de colon. En ese momento, por primera vez, la noté que perdía un poco la compostura, y nos abrazamos. Era mi amiga, sí, pero era mi amiga enferma…

Desde aquel día nuestros encuentros han sido mucho más habituales. Para mí ha sido todo un aprendizaje. Sé que en primera instancia no actúe de forma muy correcta, pero sobre todo me ha servido para aceptar la enfermedad: mirar para otro lado no soluciona los problemas de este mundo.

Al final, decidió participar en el ensayo cancer de colon y la veo más esperanzada. Aunque todavía es pronto para sacar conclusiones, parece que la evolución es buena. En un principio, le habían alertado de que el tratamiento experimental podía tener sus riesgos pero, al menos de momento, va todo bien.