Vivir en Vigo es un privilegio. Es tener el pulso de una ciudad vibrante y, al mismo tiempo, estar a un paso de paraísos naturales y villas marineras que parecen sacadas de un cuento. Aunque adoro pasear por el Casco Vello o disfrutar de un atardecer en Samil, para mí, la verdadera magia de esta tierra se descubre en las pequeñas excursiones en Vigo de un día. Después de muchos fines de semana explorando, estas son mis escapadas imprescindibles.
La joya de la corona, sin duda, son las Islas Cíes. Coger el barco en el puerto una mañana de verano es casi un ritual. La travesía ya es un regalo, viendo cómo la ciudad se aleja y el perfil de las islas se agiganta. Desembarcar allí es entrar en otra dimensión. La arena blanca y fina de la playa de Rodas, el agua cristalina (y valientemente fría) y las rutas de senderismo que te llevan a faros con vistas que cortan la respiración… es nuestro Caribe particular, y un lugar al que siempre necesito volver para recargar energías.
Mi segunda escapada favorita nos lleva al sur, a la comarca de O Val Miñor y el Baixo Miño. La ruta empieza en Baiona, con su imponente Parador y su paseo marítimo lleno de historia. Es el lugar perfecto para un café a media mañana antes de seguir la carretera de la costa, pasando por el Monasterio de Oia, hasta llegar a A Guarda. Allí, la subida al Monte Santa Trega es innegociable. La panorámica con la desembocadura del Miño separando Galicia de Portugal es, simplemente, una de las mejores postales de nuestra tierra. La jornada siempre termina en su puerto, con un buen homenaje de marisco.
Hacia el norte, cruzando el Puente de Rande, se abre la península de O Morrazo, mi refugio para desconectar. La Costa da Vela es un tesoro de playas salvajes como Melide o Barra, y acantilados que quitan el hipo. La ruta hasta el Faro de Cabo Home, con las Cíes justo en frente, especialmente al atardecer, es pura magia. Es una excursión más agreste, de bocadillo en la mochila y salitre en la piel, que te conecta directamente con la fuerza del Atlántico.
Finalmente, para un plan más cultural, la escapada a Pontevedra y Combarro nunca falla. Pasear por el centro histórico peatonal de Pontevedra, una de las zonas monumentales mejor conservadas de Galicia, es un placer. Y a solo unos kilómetros, Combarro te recibe con sus hórreos asomados al mar y sus cruceiros, ofreciendo la estampa marinera más icónica y fotografiada. Cada una de estas excursiones me demuestra lo mismo: desde Vigo, la belleza siempre está a un corto trayecto en coche o barco.