Aunque muchos lo vean como ese monstruo fiscal que duerme bajo la cama del derecho civil, el impuesto de sucesiones y donaciones Santiago de Compostela no es tan temible si uno se atreve a mirarlo a los ojos. De hecho, lo que suele aterrorizar no es el impuesto en sí, sino la falta de información, las prisas, las sorpresas desagradables y, por qué no decirlo, el clásico “esto ya lo hablaremos” que nunca se habló.
La herencia no tiene por qué ser una película de terror con testamentos olvidados en un cajón y herederos mirando de reojo los títulos de propiedad. Puede ser, con una buena planificación, una transición amable del patrimonio, un acto de generosidad anticipada y —esto sí que suena bien— una manera de reducir la factura fiscal que se presenta con la pena de la pérdida. Porque si algo hemos aprendido de quienes han pasado por el trámite es que llorar y pagar al mismo tiempo no debería ser la norma.
Para empezar, es clave entender que el impuesto varía según la comunidad autónoma. En Galicia, las bonificaciones para familiares directos han mejorado notablemente en los últimos años, aunque, como todo en este país, siempre hay matices, excepciones y condiciones que hay que leer con lupa. No es lo mismo heredar de un tío segundo que de una madre. No es lo mismo recibir una vivienda que una cuenta bancaria. Y no es lo mismo declarar tarde que hacerlo dentro de los seis meses de rigor, prorrogables, eso sí, pero no eternamente.
Otra clave es saber que el valor que se declara no es a ojo, ni en función de lo que uno recuerda haber pagado hace 20 años por ese piso de la calle principal. Es el valor fiscal actualizado, con criterios que Hacienda tiene perfectamente definidos y que, si no se aplican bien, pueden generar sustos en forma de liquidaciones complementarias. Lo de “esto seguro que no lo revisan” ha llevado a más de uno a tener que vender lo heredado para poder pagar lo heredado. Un sinsentido evitable.
Por eso, una de las herramientas más útiles es el asesoramiento profesional. No sólo para calcular con exactitud, sino para planificar. Hay fórmulas legales que permiten anticipar la transmisión del patrimonio en vida, con donaciones planificadas, usufructos, seguros de vida bien diseñados o pactos sucesorios, que en Galicia son una auténtica joya legal. Y todo eso, bien hecho, no se hace de un día para otro ni se improvisa en la notaría. Se reflexiona, se consulta y se firma con tranquilidad.
Tener un testamento claro, actualizado y adaptado a las circunstancias familiares es otro paso esencial. Nada de esos testamentos tipo que no contemplan casos especiales o que reparten todo “por partes iguales” sin considerar la realidad patrimonial o los deseos concretos del testador. Un buen testamento puede evitar años de conflictos, abogados y reuniones familiares que acaban peor que las cenas de Navidad con cuñados muy opinadores.
Lo cierto es que gestionar una herencia no debería ser una carrera de obstáculos. Con información, plazos claros, documentos bien presentados y una dosis razonable de sentido común, el proceso fluye. Lo que antes parecía una selva impenetrable de papeleo y trámites se convierte en un sendero, a veces empedrado, sí, pero transitable. Y si uno ha sido previsor, los herederos lo agradecerán. No solo por el legado material, sino por haberles evitado disgustos evitables y un dolor de cabeza fiscal con sabor a burocracia mal cocinada.