Cada vez que el sol de otoño se asoma por la ventana de mi piso en Vigo, como hoy, me pica el mismo gusanillo. Miro a lo lejos, hacia el puente de Rande, y no puedo evitarlo: me pongo a soñar despierto con una caravana. No es una idea nueva, pero últimamente se ha convertido casi en una obsesión, una necesidad que crece con cada fin de semana que paso en casa haciendo planes que no me llenan del todo.
Estoy cansado de la rutina, de que los viajes sean un Tetris de horarios, maletas y reservas de hotel hechas con meses de antelación. Anhelo algo más sencillo, más puro. Quiero tener la libertad de levantarme un sábado por la mañana y, simplemente, decidir. ¿Ponemos rumbo a la Costa da Morte para despertarnos con el rugido de las olas en Carnota? ¿O quizás nos apetece perdernos por los bosques frondosos de O Courel, buscando el silencio y el aire limpio? Esa es la libertad que busco, y sé que comprar caravana galicia me ayudará a conseguirla.
Paso horas navegando por páginas de segunda mano y foros de caravanistas gallegos. Me imagino aprendiendo a controlar su tamaño por las carreteras sinuosas que llevan a aldeas perdidas, buscando el área de pernocta perfecta. Pienso en las cosas sencillas: preparar un café mientras llueve fuera, con el único paisaje de un eucaliptal a través de la ventana; o cenar bajo un cielo estrellado como los que solo se ven en lugares como el Macizo Central orensano, lejos de la contaminación lumínica de la ciudad.
No busco un lujo, sino un refugio. Un pequeño hogar con ruedas que sea nuestro campamento base para redescubrir nuestra propia tierra. Galicia es un paraíso para esto. Tenemos miles de kilómetros de costa, parques naturales, ríos y una gastronomía que convierte cada parada en una fiesta. La idea de poder seguir la temporada de fiestas gastronómicas, de la del pulpo a la del albariño, sin preocuparme por dónde dormir, me parece el mejor plan del mundo.
Sé que no es una decisión que se toma a la ligera, hay que mirar modelos, presupuestos y seguros. Pero la decisión de corazón ya está tomada. Quiero invertir en experiencias, en despertares diferentes, en atardeceres que no se parezcan a los del día anterior. Quiero mi trocito de libertad con vistas a Galicia, y siento que este va a ser el año en que, por fin, me ponga al volante de ese sueño.