La cultura open source continúa desempeñando un papel destacado en el desarrollo de software online. Este enfoque abierto, descentralizado y colaborativo, totalmente opuesto al software propietario o no libre, distribuye el código fuente de sus iniciativas de forma que sea modificable y accesible para cualquier usuario, lo que beneficia a la innovación, la flexibilidad o el ahorro de costes, entre otros.
Aunque este concepto surgió en la década de los ochenta, sigue muy presente en la industria del software, en parte por los esfuerzos de la comunidad de desarrolladores, en parte por el apoyo de gigantes como Google, Amazon, Apple o IBM.
La competencia y los altos costes del software de pago pueden ser un freno a la innovación, inconveniente que brilla por su ausencia en cualquier proyecto open source. La retroalimentación continua y el ‘abrazo’ de las contribuciones de la comunidad se traduce en un avance más rápido y fluido. De este modo, se incentiva la experimentación y, con ello, el desarrollo de aplicaciones más avanzadas.
Por su carácter colaborativo, los planteamientos del software libre ayudan a eliminar barreras geográficas y favorecen el intercambio de ideas, soluciones y recursos valiosos. Dado que las licencias de software open source son redistributivas y pueden modificarse, no preciso pagar licencias ni asumir costes de adquisición, lo que aumenta la viabilidad de cualquier proyecto. Un ejemplo de ello es la biblioteca React que redes como Facebook o Instagram utilizan sin coste.
Gracias a este ahorro de costes, las startups y equipos modestos pueden diseñar programas y aplicaciones informáticas con presupuestos reducidos, sin que ello suponga un obstáculo en las primeras etapas de crecimiento de un proyecto.
Además, esta cultura empresarial abierta proporciona beneficios adicionales, como la mejora de flexibilidad y la adaptación del software a los propósitos del equipo de desarrollo.