Aunque muchos lo vean como ese monstruo fiscal que duerme bajo la cama del derecho civil, el impuesto de sucesiones y donaciones Santiago de Compostela no es tan temible si uno se atreve a mirarlo a los ojos. De hecho, lo que suele aterrorizar no es el impuesto en sí, sino la falta de información, las prisas, las sorpresas desagradables y, por qué no decirlo, el clásico “esto ya lo hablaremos” que nunca se habló.

La herencia no tiene por qué ser una película de terror con testamentos olvidados en un cajón y herederos mirando de reojo los títulos de propiedad. Puede ser, con una buena planificación, una transición amable del patrimonio, un acto de generosidad anticipada y —esto sí que suena bien— una manera de reducir la factura fiscal que se presenta con la pena de la pérdida. Porque si algo hemos aprendido de quienes han pasado por el trámite es que llorar y pagar al mismo tiempo no debería ser la norma.

Para empezar, es clave entender que el impuesto varía según la comunidad autónoma. En Galicia, las bonificaciones para familiares directos han mejorado notablemente en los últimos años, aunque, como todo en este país, siempre hay matices, excepciones y condiciones que hay que leer con lupa. No es lo mismo heredar de un tío segundo que de una madre. No es lo mismo recibir una vivienda que una cuenta bancaria. Y no es lo mismo declarar tarde que hacerlo dentro de los seis meses de rigor, prorrogables, eso sí, pero no eternamente.

Otra clave es saber que el valor que se declara no es a ojo, ni en función de lo que uno recuerda haber pagado hace 20 años por ese piso de la calle principal. Es el valor fiscal actualizado, con criterios que Hacienda tiene perfectamente definidos y que, si no se aplican bien, pueden generar sustos en forma de liquidaciones complementarias. Lo de “esto seguro que no lo revisan” ha llevado a más de uno a tener que vender lo heredado para poder pagar lo heredado. Un sinsentido evitable.

Por eso, una de las herramientas más útiles es el asesoramiento profesional. No sólo para calcular con exactitud, sino para planificar. Hay fórmulas legales que permiten anticipar la transmisión del patrimonio en vida, con donaciones planificadas, usufructos, seguros de vida bien diseñados o pactos sucesorios, que en Galicia son una auténtica joya legal. Y todo eso, bien hecho, no se hace de un día para otro ni se improvisa en la notaría. Se reflexiona, se consulta y se firma con tranquilidad.

Tener un testamento claro, actualizado y adaptado a las circunstancias familiares es otro paso esencial. Nada de esos testamentos tipo que no contemplan casos especiales o que reparten todo “por partes iguales” sin considerar la realidad patrimonial o los deseos concretos del testador. Un buen testamento puede evitar años de conflictos, abogados y reuniones familiares que acaban peor que las cenas de Navidad con cuñados muy opinadores.

Lo cierto es que gestionar una herencia no debería ser una carrera de obstáculos. Con información, plazos claros, documentos bien presentados y una dosis razonable de sentido común, el proceso fluye. Lo que antes parecía una selva impenetrable de papeleo y trámites se convierte en un sendero, a veces empedrado, sí, pero transitable. Y si uno ha sido previsor, los herederos lo agradecerán. No solo por el legado material, sino por haberles evitado disgustos evitables y un dolor de cabeza fiscal con sabor a burocracia mal cocinada.

¿Alguna vez has escuchado esas historias épicas sobre vecinos que, tras meses (o años) de convivencia con el martilleo constante, despiertan una mañana y casi no reconocen su propia casa? No estamos hablando solo de pintura fresca, ni de una lámpara nueva en el recibidor. Una empresa de construcción y reformas Pontevedra puede coger ese piso visto y revisto mil veces y transformarlo, casi sin que te des cuenta, en el rincón de portada de revista interiorista que siempre soñaste, pero nunca te atreviste a pedir. El cambio llega, y sus resultados pueden dejar a más de uno boquiabierto, que para algo el trabajo bien hecho se nota casi tanto como un tartán nuevo en el salón de tu tía.

El fenómeno va mucho más allá de mover un par de tabiques. Hay mucho de alquimia en el proceso, de ese arte casi oculto por el que lo viejo no solo se convierte en nuevo, sino que lo hace con gracia y estilo local. Una de las claves está, sin duda, en contar con profesionales que entiendan el pulso del hogar gallego, que sepan lo que es mimetizar la piedra y la madera con la luz de las Rías Baixas y que puedan afrontar las inclemencias meteorológicas de Pontevedra como si desafiar a la humedad y la salitre fuera parte de su ADN. Si el cambio no se nota, entonces ¿para qué meterse en obras?

Ponerse en manos de quienes dedican su vida a la construcción y la reforma es descubrir un mundo donde la paciencia se convierte en arte y el caos de la obra, en una especie de danza perfectamente ensayada (vale, casi siempre, porque el baile de los albañiles no es tan sencillo como parece). Sin embargo, el verdadero reto está en captar el deseo real del cliente: ¿quiere más luz? ¿Sueña con una cocina digna de chef? ¿Busca aprovechar ese rincón olvidado donde las plantas se ahogan de tristeza y humedad, jurando al sol que volverán a la vida con una ventana nueva?

Hay quien dice que una obra nunca termina, que siempre hay una esquina para mejorar o una baldosa que pide a gritos ser cambiada. Pero quienes han llamado a una empresa de construcción y reformas Pontevedra y han visto cómo su casa pasa de gris marengo a blanco espectacular saben que sí, que el cambio existe y que puede transformarlo todo, desde la rutina matutina hasta la forma en que uno recibe a los amigos los domingos. No es solo cuestión de metros cuadrados ganados ni de ese baño que ahora podría ser portada en Instagram. Es descubrir cómo la eficiencia, el buen hacer y la innovación terminan despertando el asombro más cotidiano, ese que hace que uno se asome una y otra vez por la ventana a admirar el resultado como si fuera la primera vez.

Desde luego, hay anécdotas de todo tipo en el camino. Desde clientes que han cambiado el ‘vestidor’ por el ‘despacho’, tras pasar un confinamiento dentro de casa y decidir que los trajes necesitan menos espacio que las videollamadas, hasta personajes que insisten en abrir un hueco para la bodega, porque la tradición nunca debe faltar bajo tierra. Lo divertido es ver cómo se puede pasar, en poco tiempo, de un plano rudimentario dibujado en una servilleta a un espacio vivido, inteligente y absolutamente personalizado. Tal vez por eso, los momentos más celebrados suelen ser precisamente aquellos en los que las expectativas se ven superadas, cuando el presupuesto rinde como si se hubiera multiplicado por arte de magia y las fotos del antes y después corren por los grupos de WhatsApp como si fueran memes.

Transformar un espacio es, en el fondo, una cuestión de valentía (y de asumir que, sí, durante semanas vivirás entre polvo, obreros que desayunan más fuerte que tú y el runrún de la radial). Pero el resultado final tiene la capacidad de dejar a cualquiera con una sonrisa de satisfacción y el convencimiento de haber acertado de pleno al elegir el equipo encargado de la obra. No hay mayor halago que recibir una visita y ver esa expresión indecisa entre “no me lo creo” y “¿seguro que has hecho esto aquí?”. Y es que modernizar, rehabilitar y reconstruir cualquier entorno habitado —en el campo, la playa o la ciudad— siempre implica ir un paso más allá, sorprender y, por qué no, dejar huella tanto en el espacio como en quienes viven en él.

Si alguna vez has dudado sobre el alcance real de una reforma o sobre si vale la pena embarcarse en la odisea de convivir con las obras, tal vez te estés perdiendo la posibilidad de convertir tu hogar en un lugar donde nada es imposible. La realidad es que el cambio siempre es posible, aunque suponga mirar la puerta de entrada y preguntarse si uno ha terminado en casa ajena después de tantos meses de polvo, planos y decisiones. Y lo más curioso de todo es que, una vez te acostumbras, empiezas a sospechar que cualquier reto que surja entre cuatro paredes se puede transformar con el equipo adecuado, una pizca de paciencia y un poco de sentido del humor. Porque, al fin y al cabo, la vida es mucho más divertida cuando el resultado final supera todo lo que habías imaginado.

Hay algunos pequeños lujos que pueden marcar la diferencia cuando se viaja. Los llamamos lujos porque son cosas que es cierto que tienen un coste y que no son imprescindibles, pero son a la vez pequeños lujos porque tampoco es un alto coste y suponen un gran cambio.

Por ejemplo, Reservar Parking Aeropuerto Sondika e ir en nuestro coche al aeropuerto. Si reservamos un parking low cost será un pequeño lujo ya que el coste no será muy alto pero la comodidad será total. Sin depender de transporte público y horarios ni de taxis que pueden acabar siendo más caros. Y con el placer de bajarte del avión y saber que no vas a tener que dar vueltas y vueltas para coger un autobús, un tren o un taxi (incluso uno de cada) para poder llegar a tu casa y descansar tras unos días de relax que, con frecuencia agotan.

Otro pequeño lujo es pagar un plus, pero escoger el asiento de avión que más te gusta. Por ejemplo, el que está junto a las puertas de emergencia y te permite estirar las piernas. O sentarte junto a tu pareja para poder charlar durante el viaje. Estos pequeños pluses pueden resultar molestos porque incrementan un poco el precio del billete. Pero cuando se va a realizar un vuelo largo, tener al lado a la persona con la que viajas, tener el asiento de pasillo o ese en el que puedes estirar las piernas va a ser algo que agradecerás y, sin duda, sentirás que merece la pena.

Reservar habitación y desayuno. Sí, es cierto que los desayunos de buffet son caros, pero son un gusto que casi todo el mundo está de acuerdo que sabe a vacaciones. Eso de poner darte un capricho desayunando en condiciones es algo que solo haces cuando tienes tiempo y si además puedes combinar frutas frescas, postres caseros, e incluso caprichos como huevos revueltos y bacon… pues mejor que mejor. Al menos un día de las vacaciones, paga el buffet del desayuno porque es un pequeño capricho que merece la pena. Además, si desayunas tarde ya prácticamente te servirá de comida temprana.

Y si hay spa… entonces ya el lujo es total. Ahí ya no va a ser necesario convencerte porque la mayor parte de la gente que va a un hotel con spa va, precisamente, porque hay spa.

El turismo de ferries se encuentra al alza. Esta forma de viajar proporciona flexibilidad, un mayor contacto con la naturaleza y una sostenibilidad superior a los trenes y otros medios de transporte. Como en cualquier otro servicio, la reserva anticipada de billetes de barco permite acceder a ofertas y descuentos, siendo una medida de defensa contra los picos en la demanda de última hora que puedan dejar al viajero en tierra.

Además de tramitar la reserva con semanas de antelación, es recomendable el uso de comparadores de precios, tanto genéricos como especializados, como Direct Ferries, Rastreator o Clickferry. Estas plataformas ayudan a formarse una idea del precio medio del viaje y de los servicios y complementos que cabe esperar.

Llegar quince minutos antes de la salida es aceptable al volar en avión, no al embarcar en ferry. Una hora es el mínimo dependiendo de la ruta y del operador. En el caso de desplazarse en vehículo propio, un extra de treinta o sesenta minutos será necesario para ordenar el papeleo, embarcar el coche, furgoneta o motocicleta, etcétera. Realizar el check-in en línea no es una garantía en caso de acudir con el tiempo justo.

El listado de navieras disponibles que operan ferries es amplia y diversa, por lo que es aconsejable dedicar unos minutos a estudiar las mejores opciones. Cuando se decide viajar con animales de compañía, además, no todos los operadores son pet-friendly ni disponen de camarotes acondicionados para el transporte de perros y gatos. Informarse previamente puede evitar conflictos a bordo relacionados el embarque de mascotas.

En los ferries medianos y pequeños, los mareos están a la orden del día entre los viajeros poco acostumbrados al mar. Además de paliar los síntomas con fármacos basados en el dimenhidrinato o la meclozina, se recomienda guardar la calma en todo momento. Distraerse con pasatiempos y ocio offline (música, libros, etcétera) permite sobrellevar este problema en ciertos casos.

Son las diez de la mañana de un viernes de julio en Santiago. El aire es fresco, el sol se abre paso entre las nubes y la ciudad empieza a bullir con su mezcla de peregrinos y locales. Acabo de tomar un café cerca de la Praza Roxa y vuelvo a casa. Meto la mano en el bolsillo para coger las llaves y siento ese vacío helado que te paraliza el corazón. Segundo bolsillo. Nada. La mochila. Tampoco. El pánico inicial es inevitable. De repente, la puerta de mi propio edificio en el Ensanche se convierte en una muralla infranqueable.

El primer impulso es la frustración. Repasas mentalmente tus últimos movimientos una y otra vez. ¿Se cayeron en la cafetería? ¿Las dejé sobre el mostrador de la panadería? Pero la realidad es la que es: estoy en la calle y todas mis cosas, mi vida, están al otro lado de esa puerta.

Tras unos minutos de autocompasión en el escalón del portal, respiro hondo. El pánico no abre puertas. Saco el móvil, mi única herramienta ahora mismo. La búsqueda es clara: «cerrajero urgente Santiago de Compostela». La pantalla se inunda de anuncios prometiendo servicio 24 horas. Aquí viene el primer consejo de oro que aprendí ese día: calma y compara. No llames al primer número que veas. Las estafas están a la orden del día.

Llamé a tres sitios distintos. Mi guión era siempre el mismo y es crucial ser claro: «Buenos días. He perdido las llaves, no están puestas por dentro. Es una puerta normal, no blindada. ¿Me podríais dar un presupuesto cerrado para una apertura en horario laboral?». Los precios variaban sorprendentemente. Me decanté por el que me dio un precio fijo y sonaba más profesional.

Mientras esperaba, aproveché para revisar la póliza de mi seguro de hogar en el móvil. ¡Bingo! Mi cobertura incluía servicio de cerrajería de emergencia hasta un límite. Una pequeña victoria en medio del caos.

El cerrajero llegó en veinte minutos. Antes de tocar la cerradura, me pidió el DNI para comprobar que la dirección coincidía con la del piso, un gesto que me dio confianza. En menos de cinco minutos, con una especie de radiografía plástica, la puerta estaba abierta. El alivio fue inmenso, por fin había conseguido abrir puerta en Santiago. Como las llaves estaban perdidas y no simplemente olvidadas dentro, decidí por seguridad cambiar el bombín. Fue un coste extra, pero la tranquilidad no tiene precio.

La factura final, aunque un golpe, fue mucho menor de lo que mi pánico inicial imaginaba. La lección, sin embargo, fue carísima y clara: un juego de llaves de repuesto en casa de un amigo o familiar en la misma ciudad es el mejor seguro que puedes tener.

Quizás piensas en mar, perceberos arriesgando el tipo entre las olas y tapas de pulpo al escuchar “Ribeira”, pero hay otra razón más para sonreír en esta localidad gallega: la implantología en Ribeira está revolucionando el modo en el que las personas recuperan la confianza en sí mismas tras perder uno o varios dientes. Se ha abierto paso, como quien asalta la lonja a primera hora, la certeza de que reír y morder una empanada sin miedo no es privilegio de unos pocos afortunados, sino una posibilidad real gracias a los avances odontológicos. Porque seamos honestos: un huequito entre dientes tendrá su punto entrañable en los niños, pero en adultos, y especialmente en las sobremesas familiares, puede quitar un poco el apetito o la inspiración a la hora de atacar un churrasco.

La idea de enfrentarse a un sillón de dentista sigue generando relatos de terror y confesiones de valientes que se atreven a todo menos a abrir la boca en la consulta, pero lo cierto es que lo que antes era una especie de rito de iniciación doloroso ahora es casi un paseo. Los materiales y técnicas han cambiado tanto como las cartas de los restaurantes desde que descubrieron el gluten free. Actualmente, la precisión es tan alta que casi puede uno sentirse como un “cyborg” con piezas a medida, solo que mucho más discreto y sin necesidad de cargar el móvil por las noches.

Si te preguntas cómo es posible que la implantología en Ribeira esté de moda, hay que mirar de cerca el gran salto de calidad que supone dejar atrás prótesis incómodas y resbaladizas, esas que convertían una cena de Navidad en una comedia involuntaria. Los implantes ofrecen soluciones fijas, duraderas y adaptadas individualmente, lo que significa que ni el percebe más correoso será reto suficiente para un mordisco renovado. No es solo cuestión de estética, aunque quién no quiere verse bien en la próxima foto de grupo, sino de salud, de cuidarse sin renunciar a los placeres sencillos que da la vida en Galicia.

El miedo a sentirse diferente o a que la gente note tu “reemplazo dental” ha quedado, sinceramente, bastante demodé. Aquí el arte está en el detalle: la tecnología permite que los nuevos dientes se mimeticen con los demás hasta el punto de que sólo tu dentista (o tu abuela con lupa) sabrá el secreto. Incluso el proceso de colocación, con tiempos mucho más breves y molestias mucho menores, hace que la excusa de “no tengo tiempo” suene tan válida como aplazar la cita por si llueve (en Galicia, vaya). Cada vez son más quienes se animan a dar el paso y descubren que, donde antes había un hueco incómodo, ahora hay motivo para una carcajada de esas que contagian.

Dicen que una sonrisa sincera puede cambiar el día de una persona, pero tener la tranquilidad de que nada se va a mover, caer o chirriar cuando lo hagas, es impagable. Y lo mejor es que no hay edad máxima para dar el salto: tanto si algún marisco conoció la gloria de tus dientes en su día como si una caída inoportuna fue la responsable de algún despiste dental, las soluciones personalizadas eliminan barreras. La galleguidad, con su admirable capacidad para celebrar tanto la lluvia como el sol, también se aprecia en la disposición a abrazar lo nuevo que funciona y aporta calidad de vida. Donde antes imperaba la resignación, hoy hay una alternativa descrita por quienes la han probado casi como una pequeña “revolución personal”.

Podría seguir hablando de estadísticas y de estudios clínicos, pero si algo convence de verdad es la cantidad de historias reales que empiezan con un poco de inseguridad y terminan con una sobremesa animada, risas fuertes y hasta algún que otro chiste sobre lo bien que suenan las “eses” cuando se pronuncian con todas las piezas en su sitio. Soluciones hay, y en Ribeira además llevan el sello de la cercanía, con profesionales que saben que la confianza se gana no solo con técnica, sino también tratando a cada paciente como parte de la familia, esa que no te juzga si antes te daba corte sonreír. Así, el viaje hacia una boca sana, funcional y bonita se convierte en una historia que, una vez empiezas, te preguntas por qué no lo has hecho antes.

La playa de La Lanzada. Situada entre O Grove y Sanxenxo es, posiblemente, la más famosa de las Rías Baixas. Con dos kilómetros y medio de longitud, tiene una gran capacidad, lo que permite que, pese a ser destino de cientos y cientos de personas en verano, pueda acoger a todo el mundo sin problema. Además, está unida a otras dos playas por lo cual, su longitud total es todavía mayor. Ubicada en un entorno protegido que está dentro de la Red Natura 2000, lo que hace que todavía sea más idílica. Desde ella se puede ver Ons.

La playa de Rodas. Si hablamos de playas idílicas tenemos que nombrar Rodas en las islas Cíes. A ellas solo se puede acudir en barco, con las rutas de mar de ons cíes. El gran arenal une dos de las islas y está considerada una de las playas más bonitas del mundo, al estar al igual que la anterior, en un espacio protegido. No es la única playa de las islas, pero sí la más famosa y la que todo el mundo conoce a través de fotos y postales. Si se acude a las Rías Baixas de vacaciones, es imprescindible coger el barco para pasar un día en este arenal tan bonito.

La playa del Silgar. La playa más importante de Sanxenxo a la que acuden cientos de personas durante los meses de julio y agosto, la temporada alta de la zona. A un paso de diferentes hoteles en los que poder hospedarse y con todo tipo de servicios muy cercanos, es la playa familiar por excelencia, aunque también encontrarás a muchas pandillas de jóvenes.  Cuenta con todas las ventajas y los inconvenientes de ser una playa urbana, cerca de todo, pero también muy masificada en ocasiones, lo que no le resta encanto.

La playa de Arealonga. Su situación es excepcional ya que está en plena Ría de Arousa y, además, pegada al Castro de Baroña, el mejor conservado de toda Galicia. Es una playa que está inmersa en la naturaleza, ya que para acceder tendrás que recorrer un empinado camino. No hay baños, no hay duchas y no hay chiringuitos a pie de arena. Pero es un lugar mágico que te enamorará al igual que lo hizo con nuestros antepasados, que decidieron que era el mejor lugar para instalarse a vivir.

Seamos sinceros, la bañera es una de esas reliquias del pasado que muchos mantenemos en casa por pura inercia. Es ese enorme objeto de porcelana o acrílico que ocupa un tercio del cuarto de baño y que, en el 90% de los casos, utilizamos exclusivamente para ducharnos de pie en una postura algo precaria, mientras luchamos contra una cortina de ducha que tiene una inexplicable tendencia a pegarse a nuestro cuerpo. Para muchos, se ha convertido en el cesto de la ropa sucia más grande y caro del mundo, o en el lugar donde dejamos en remojo las prendas delicadas. Vivimos resignados a este trasto, sin saber que la solución para modernizar el baño y ganar exponencialmente en calidad de vida es increíblemente rápida y sencilla. El proyecto de cambiar bañera por ducha Pontevedra es, sin duda, una de las reformas más inteligentes y con un impacto más inmediato que puedes hacer en tu casa.

El beneficio más importante, el que trasciende cualquier moda o estética, es la seguridad. La pared de una bañera, que puede medir entre 40 y 50 centímetros de altura, es una barrera arquitectónica peligrosa. Para un niño, una persona mayor, alguien con movilidad reducida o simplemente para cualquiera de nosotros en un día torpe, ese gesto de levantar la pierna para entrar o salir de una superficie húmeda y resbaladiza es una invitación al desastre. Es una fuente de preocupación constante para miles de familias. Ahora, imagina la alternativa: un plato de ducha a ras de suelo, o con un escalón mínimo de apenas tres centímetros. La diferencia es abismal. Es la libertad de poder entrar y salir de la ducha caminando, sin acrobacias ni equilibrios. Es la posibilidad de instalar un pequeño asiento en el interior para ducharse con total comodidad, o de colocar asideros en la pared para tener un punto de apoyo extra. Los modernos platos de ducha, fabricados con resinas y cargas minerales, ofrecen además superficies antideslizantes de alta eficacia que minimizan el riesgo de resbalones. Este cambio no es una mejora, es una revolución en la independencia y la tranquilidad de toda la familia.

El segundo efecto es casi mágico: la ganancia de espacio. Una bañera es un bloque visualmente muy pesado y voluminoso. Al sustituirla por un plato de ducha y una mampara de cristal transparente, el efecto es inmediato y espectacular. El cuarto de baño parece crecer, se vuelve más luminoso y diáfano. Al no haber una barrera visual opaca a media altura, la vista recorre el espacio sin interrupciones, y el suelo continuo crea una sensación de amplitud mucho mayor. Es como si, de repente, hubieras tirado un tabique en medio de la habitación. Esta nueva amplitud no es solo una ilusión óptica; a menudo, el espacio que ocupaba la bañera es mayor que el que necesita la nueva ducha, lo que permite ganar unos centímetros preciosos que se pueden aprovechar para colocar un pequeño mueble auxiliar, un toallero o simplemente para disfrutar de una mayor comodidad de movimiento.

Y hablemos de algo que nos toca a todos muy de cerca: la limpieza. Limpiar una bañera es una de esas tareas ingratas que todos detestamos. Hay que meterse dentro en posturas incómodas para llegar a todos los rincones, frotar las juntas donde el moho parece tener una fiesta perpetua y luchar contra la cal que se adhiere a la superficie. La limpieza de una ducha moderna, en comparación, es un paseo por el parque. Las superficies son lisas y continuas, con muchas menos juntas. Las mamparas de cristal suelen venir con tratamientos antical que repelen el agua, por lo que basta con pasar una rasqueta de goma después de cada uso para mantenerlas impecables. Se acabaron los dolores de espalda y la batalla perdida contra la suciedad incrustada. Es, literalmente, recuperar horas de tu vida que antes dedicabas a una limpieza frustrante.

Además de todos estos beneficios, hay que añadir el ahorro de agua y la rapidez de la obra. Una ducha rápida consume una fracción del agua necesaria para llenar una bañera. Y lo mejor de todo es que esta transformación no requiere una obra faraónica de semanas. Un equipo de profesionales coordinado puede realizar el cambio completo en un solo día: retiran la bañera antigua, adaptan la fontanería, instalan el nuevo plato de ducha, alicatan el espacio que ha quedado libre y montan la mampara. Te vas a trabajar por la mañana con una bañera del siglo pasado y vuelves por la tarde a un cuarto de baño moderno, seguro y mucho más espacioso.

Ana llevaba tiempo escuchando hablar de la Isla de Ons, un pequeño paraíso situado en la ría de Pontevedra, parte del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia. Le habían contado que allí el tiempo pasaba más despacio, que las playas eran salvajes y tranquilas, que los senderos bordeaban acantilados desde los que se podía ver el océano infinito. Decidida a vivir esa experiencia, supo que el primer paso era claro: comprar billetes islas ons.

A diferencia de otros destinos, visitar la Isla de Ons no es tan simple como llegar y embarcar. Ana descubrió que, al tratarse de un espacio natural protegido, el acceso está controlado, sobre todo durante la temporada alta. Antes de comprar los billetes del barco, debía obtener una autorización de la Xunta de Galicia, que regula el número de visitantes diarios para preservar el ecosistema.

Con la ayuda de internet, accedió a la plataforma oficial y solicitó su permiso. Solo necesitaba indicar la fecha en la que quería viajar y algunos datos personales. Una vez aprobado, recibió un código que debía presentar al comprar los pasajes en una de las navieras autorizadas. Ana optó por salir desde el puerto de Bueu, por ser el más cercano a su alojamiento.

Comprar los billetes fue sencillo una vez con el código en mano. A través de la web de la naviera, seleccionó la hora de salida y de regreso, comprobó disponibilidad, y en pocos clics, ya tenía su plaza asegurada. También tuvo la opción de añadir el viaje de vuelta para otro día, en caso de querer quedarse a dormir en el camping de la isla, pero prefirió hacer la excursión en un solo día para aprovechar al máximo sin cargar demasiado equipaje.

Con los billetes ya confirmados, Ana solo pensaba en el día del viaje. Se imaginaba caminando entre los matorrales bajos, respirando aire puro, bañándose en la Playa de Melide o descubriendo el misterioso Buraco do Inferno. Para ella, ese billete representaba más que un trayecto en barco: era una llave de entrada a un mundo distinto, alejado del bullicio y lleno de belleza natural.

Comprar los billetes para la Isla de Ons fue el primer paso, pero también el más ilusionante. Ahora, solo quedaba esperar a que llegara el momento de embarcar rumbo a la aventura.

Cuando llega el momento de cuidar a nuestras fieles mascotas o al ganado que tanto trabajo nos da, solemos acudir a expertos y preguntar qué comerán para vivir sanos, fuertes y, si se puede, un poquito más contentos. Aquí es cuando aparece la cuestión de los piensos San Sadurniño, una referencia que no solo resuena en la mente de quienes viven cerca de la parroquia gallega. Porque si preguntamos a los que conocen el campo y los animales, verás que la conversación siempre deriva en los ingredientes, la formulación y ese mágico equilibrio entre proteínas, carbohidratos y grasas que todo ser vivo necesita, aunque el tuyo sea más de correr por el prado que de ver series en el sofá.

Alimentar bien a nuestros animales no es solo una cuestión de presupuesto o de seguir la moda que aparece en el envase más colorido del supermercado rural. Es una decisión clave que afecta todas las áreas de la salud animal. No se trata de darles lo que sobre de la mesa; de hecho, echarle a un caballo el puré de las sobras puede acabar en un episodio digno de Urgencias Veterinarias. Lo mismo ocurre con perros y gatos; su sistema digestivo dista mucho del nuestro, y aunque tengan cara de querer una hamburguesa con queso, hay un océano de diferencia entre lo que les apetece y lo que realmente les hace bien.

El secreto está en entender de dónde viene ese pienso que ponemos a disposición de nuestros animales. Los buenos fabricantes, como los piensos San Sadurniño, se han labrado una reputación a pulso seleccionando ingredientes cuidadosamente y apostando por una trazabilidad clara desde el campo hasta el comedero. ¿Significa esto que tu cabra tendrá acceso a granos exclusivos traídos en vuelos de primera clase? Bueno, no exactamente, pero sí garantiza que cada bocado que den está pensado para cumplir sus necesidades reales, no las de un unicornio vegano. Porque, seamos honestos, tus animales no viven de ensaladas ni de semillas traídas de la otra punta del planeta por influencia de Instagram.

Muchos responsables de animales caen en la trampa de escoger el pienso más barato, ese que promete milagros a precio de saldo. Y no, por más que lo diga la etiqueta con letras gigantes y dibujos de animales sonrientes, no existe el pienso-fiesta que solucione todos los males y, además, les haga bailar flamenco. El ahorro inmediato se paga con visitas al veterinario, pelajes sin brillo y una energía que solo sirve para ver pasar el tiempo tumbado. Nutrir correctamente a los animales es económico a largo plazo porque la inversión extra de hoy evita sorpresas desagradables mañana. Y sí, aunque te lo nieguen los más escépticos del grupo de WhatsApp de ganaderos, los ingredientes marcan la diferencia: mira los componentes, busca proteínas bien identificadas, cereales que no sean solo restos industriales y, ante la duda, consulta a tu veterinario de confianza. Él también sabe reírse de los anuncios, pero preferirá que le llames para una consulta y no para una emergencia.

La digestión lo es todo. Un buey alimentado con productos vulgares jamás desarrollará la musculatura ni la vitalidad que tendría uno bien nutrido. Un perro que come cualquier cosa solo por salir del paso vive menos y se mueve menos, que aquí no hay secretos ni atajos de TikTok. La clave reside en el equilibrio y en la adaptabilidad de la dieta: lo que necesita un border collie incansable no es igual a lo que agradece un persa que dedica su vida a dormir en almohadones de terciopelo. Si tienes aves, ojo con lo que tiras al suelo; su alimentación específica incide directamente en la calidad de los huevos y la salud de su plumaje.

Hay algo casi mágico en observar animales llenos de energía, con un pelo que reluce y una actitud digna de los mejores días de agosto. Todo empieza y termina en su alimentación, y si en algún momento surgen dudas sobre la procedencia de ese saco de pienso, recuerda que investigar y apostar por referencias fiables, como piensos San Sadurniño, nunca ha decepcionado a quienes buscan lo mejor para quienes dependen de sus manos y su corazón. Porque cuando los animales están bien alimentados, el campo, la familia y hasta el día a día mejoran notablemente, y si encima tienes alguna anécdota divertida por alguna trastada cometida tras una buena dosis de energía animal, mejor que mejor.